Su historia
Adam Miller creció en una familia de clase trabajadora en Nueva Jersey, donde aprendió desde muy joven que el trabajo es importante y que el respeto nunca debe depender del cargo que ocupe una persona. En su adolescencia, reponía estanterías, trabajaba en tiendas, servía mesas, era camarero, asesoraba a niños e incluso pasó un tiempo en la planta de una fábrica siderúrgica. Esas experiencias han marcado su forma de liderar hasta el día de hoy: escuchar primero, valorar cada función y ganarse la confianza con hechos.
Esos cimientos se trasladaron al ámbito académico y más allá. Adam desarrolló una pasión por el liderazgo desde muy joven, ejerciendo como presidente del consejo estudiantil en un momento difícil para su comunidad y aprendiendo a unir a las personas bajo presión. A los 25 años, ya había obtenido títulos en Derecho, Empresariales y Economía, además de haber aprobado los exámenes de CPA y de la Serie 7. Esa combinación poco habitual de experiencias le proporcionó un profundo conocimiento de cómo funcionan los sistemas y de lo que ocurre cuando fallan a las personas a las que se supone que deben servir.
Los Ángeles se convirtió en el lugar donde Adam convirtió esa mentalidad en una forma de vida. Es allí donde forjó su carrera, formó una familia y afianzó su convicción de que vale la pena luchar por el futuro de esta ciudad.
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Aprender el valor del trabajo
Adam creció en un pequeño pueblo de Nueva Jersey, en el seno de una familia que creía en la importancia de estar presente, trabajar duro y ganarse el futuro con esfuerzo.
El padre de Adam era contable. Su madre era profesora. Desde los dieciséis años, Adam trabajó reponiendo estanterías en una tienda de comestibles, en el sector minorista, como camarero, como barman, asesorando a jóvenes e incluso en la planta de una fábrica de acero antes de ir a la universidad.
Esos primeros trabajos le enseñaron una lección que nunca olvidará: cada puesto es importante, y todas las personas merecen respeto, ya sea que lleven traje, uniforme o botas con puntera de acero.

2
Descubrir el liderazgo desde el principio
El liderazgo no venía de un cargo, sino de la responsabilidad.
En el instituto, Adam compaginó los deportes de competición con el liderazgo estudiantil, hasta llegar a ser presidente del consejo estudiantil en un momento de gran división para su comunidad. Los profesores y el consejo escolar estaban enzarzados en un conflicto, y la tensión era muy alta.
Esa experiencia ha marcado la forma en que Adam entiende el liderazgo hasta el día de hoy: escuchar primero, unir a las personas y encontrar soluciones que permitan avanzar a todos, incluso cuando las cosas se ponen difíciles.

3
La educación como puerta de entrada
La educación le abrió nuevas puertas y le enseñó a Adam a resolver problemas complejos.
A los 25 años, Adam ya había obtenido una licenciatura en Humanidades, una licenciatura en Ciencias, un doctorado en Derecho y un máster en Administración de Empresas, y había aprobado los exámenes para obtener tanto el título de contable público certificado (CPA) como la licencia Series 7. Esa combinación de Derecho, Empresariales y Economía le proporcionó un profundo conocimiento de cómo funcionan los sistemas —y de cómo fallan a las personas cuando están mal diseñados—.
Al mismo tiempo, Adam desarrolló un interés temprano por la tecnología. Mucho antes de que los ordenadores personales se generalizaran, él y un vecino experimentaban en casa con ordenadores Intel 8086, descubriendo cómo la tecnología podía potenciar el potencial humano cuando se utilizaba adecuadamente.
«La educación me dio las herramientas para resolver problemas, no solo para hablar de ellos».
4
Construir a gran escala
Adam no se limitaba a hablar de ideas...
sino que las hacía realidad.
A los 29 años, tras un breve periodo en el sector financiero, Adam fundó su primera empresa, Cornerstone OnDemand, desde un apartamento de un dormitorio. La idea era sencilla, pero ambiciosa: ampliar el acceso a la educación y a las oportunidades a través de la tecnología.
Cornerstone se convirtió en Los Ángeles en la mayor empresa de tecnología educativa del mundo, llegando a contar con más de 3.000 empleados en 25 países y ayudando a más de 75 millones de personas en todo el mundo. La plataforma ha impartido más de 2.000 millones de cursos a estudiantes de 192 países.
En 2021, Cornerstone pasó a ser una empresa privada en una operación valorada en 5.200 millones de dólares, pero su misión nunca cambió: las oportunidades deben ser accesibles, no exclusivas.

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Convertir una crisis personal en un impacto social
Cuando su familia se enfrentó a una crisis, Adam la convirtió en una oportunidad para ayudar a los demás.
En 2008, Adam y su mujer se enteraron de que uno de sus hijos padecía alergias alimentarias que ponían en peligro su vida. De repente, las carencias en materia de apoyo, investigación y concienciación se convirtieron en algo personal.
Adam asumió un papel de liderazgo y contribuyó a la fusión de la FAAN y la FAI para crear FARE, que hoy en día es la organización sin ánimo de lucro dedicada a las alergias alimentarias más grande del mundo. Ha formado parte de su junta directiva desde la fusión, contribuyendo a ampliar la investigación clínica, impulsar la legislación federal y apoyar a las familias de todo el país.
Además, contribuyó a la creación del Programa de Alergias Alimentarias de la UCLA y puso en marcha AllerFund, el primer fondo de capital riesgo dedicado a empresas del sector de las alergias alimentarias.
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Servicio, veteranos y respuesta ante situaciones de crisis
El servicio consiste en estar ahí cuando las cosas se ponen difíciles.
En 2013, Adam conoció a un grupo de marines que tenían una idea audaz: aprovechar las habilidades de los veteranos militares para responder ante catástrofes y, al mismo tiempo, ofrecerles un nuevo propósito. Adam ocupó el cargo de presidente de Team Rubicon entre 2013 y 2020, contribuyendo a convertirla en una organización humanitaria global con más de 150 000 voluntarios, la mayoría de ellos veteranos.
Team Rubicon presta actualmente servicios de respuesta ante catástrofes en todo Estados Unidos y en todo el mundo, demostrando lo que se puede lograr cuando los líderes confían en las personas y crean sistemas que funcionan.
7
Apoyando a Los Ángeles
Los Ángeles no es solo el lugar donde trabaja Adam. Es su hogar.
Adam fundó LA-Tech.org para movilizar al sector tecnológico de la ciudad con el fin de contribuir a la comunidad. En 2020, tras el asesinato de George Floyd, ayudó a poner en marcha la iniciativa «1.000 Interns», que ofrece vías de acceso remuneradas a las principales empresas de Los Ángeles para estudiantes de comunidades infrarrepresentadas. Hasta la fecha, se han creado más de 2.000 puestos de prácticas.

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Afrontar problemas difíciles
Afrontar problemas difíciles: Adam y Staci crearon un equipo para abordar de manera integral la crisis de las personas sin hogar
A través de 1P.org y Better Angels, Adam se ha centrado en algunos de los retos más difíciles de Los Ángeles —la falta de vivienda, la violencia armada y la seguridad comunitaria— combinando la compasión con el pragmatismo.
La misión de Better Angels es resolver la crisis de las personas sin hogar en Los Ángeles aprovechando el potencial de toda la comunidad de la ciudad. Su enfoque holístico y único para abordar este problema combina la participación comunitaria, la defensa de los derechos, tecnología de vanguardia y una buena dosis de pragmatismo en cinco áreas críticas: prevención, servicios, acogida, vivienda y tecnología.

9
Un hombre de familia.
Un angelino.
Lo más importante es la familia.
Hoy en día, Adam vive en Los Ángeles con su esposa Staci y sus hijos. Cuando están juntos, son como muchas otras familias de Los Ángeles: pasan tiempo al aire libre, ven partidos, se ríen con programas que les son familiares y hablan del futuro.
Adam se presenta a las elecciones porque ese futuro debería ser posible aquí, tanto para sus hijos como para todas las familias que desean labrarse un futuro en Los Ángeles.




